2016
Densidad y apertura
En 2016, los universos visuales desarrollados en los años anteriores continúan ganando densidad. Trazos gestuales, figuras, signos y espacios cromáticos emergen con mayor seguridad, sin perder por ello su apertura. Las imágenes surgen de la interacción entre la intuición y la concentración: cada intervención transforma el conjunto y abre nuevas posibilidades.
Capa tras capa, crece un lenguaje visual que no busca la univocidad, sino la resonancia. Los fragmentos se entrelazan en relaciones, se disuelven de nuevo y vuelven a encontrarse bajo una nueva forma. Lo visible y lo oculto permanecen inseparablemente unidos.
Las obras del año 2016 confían en la fuerza del proceso pictórico. No narran historias lineales, sino que abren espacios de experiencia en los que el recuerdo, el presente y la imaginación confluyen. Así, cada cuadro se convierte en una invitación a sumergirse en aquello que surge entre las formas y los colores.
El lienzo se convierte en el lugar de un enfrentamiento inmediato. Cada capa conserva rastros de lo anterior, sin revelarlos por completo. Las superposiciones no ocultan, sino que amplían el espacio de posibilidades.
Las imágenes no buscan ni la armonía ni la provocación. Confían en el diálogo entre la intuición y la experiencia. Así nacen espacios pictóricos en los que la memoria, el presente y la imaginación confluyen, sin contar una historia definitiva.
Las obras del año 2016 invitan a sumergirse en aquello que surge entre las formas, los colores y los rastros: de manera abierta, ambigua y sin pretender una interpretación definitiva.




































































